El amor

El amor. El amor no es el número de “te quieros” ahogados en rutina. Su calidad no depende de “demostraciones” virtuales y virales. El amor no entiende de género. No es blanco, pero tampoco negro. 

El amor es sutil y silencioso, es el día a día lejos del bullicio y los chismes de la gente. El amor es intimidad, convivencia y porqué no, vulnerabilidad. 

El amor no es perfecto, es diverso, y de ahí que cada uno lo viva como quiera.

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Dudar…

 Dudar, dudar a veces no es malo, siempre y cuando no se convierta en una obsesión que atañe a todos y cada uno de los vértices de nuestro día a día, convirtiendo así nuestra vida en un sin fin de interrogaciones, un mar de indecisión.

Dudar, dudar a veces es bueno. Poner en el punto de mira las propias convicciones de uno supone una inteligente forma de “criticar” la veracidad de nuestros pensamientos sin la necesidad del, a veces doloroso, juicio del entorno.

Pensar y darle trabajo a las neuronas con una sana autocrítica es lo que muchas veces le falta a este mundo loco, en el que lo que uno piense no es siempre lo correcto y el de al lado no siempre está equivocado, quieran creerlo o no.

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Para los débiles, dudar es desplomarse; para los fuertes, dudar es creer. Solo nos acercamos a la verdad mientras dudamos.” – Rafael Barrett

Sigue tu camino

A veces en la vida creemos que necesitamos a otros para continuar nuestro camino. Que son
esas personas las que nos rescatan de nuestro propio abismo.

¡No te confundas! Sal a la luz por ti mismo y encontraras a tu persona, esa con la que compartir tu felicidad. Porque el objetivo no es vivir necesitando sino querer sabiendo que no hay necesidad.
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I am who I am

Hace un tiempo descubrí que uno no debe resignarse, ni conformarse. Que se debe luchar por lo que uno quiere y no solo por lo de los demás. Que hay que arriesgar a pesar del miedo al cambio o a lo desconocido. Que nadie es menos ni más y que no hay dos personas iguales. Que lo malo nunca se merece. Que quien no te respeta, no te quiere y que a quien más debes querer, es ti mismo.

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Parece fácil, pero a algunas personas les cuesta más asimilarlo. Porque a veces, una situación se enquista demasiado tiempo y deshacerse de ella es todo un reto.

Las heridas duelen y dejan huella, pero esas cicatrices no deben cambiarte, simplemente te hacen más fuerte.

Y lo difícil se convirtió en fácil

No es la primera vez que digo lo fácil que es todo cuando uno es un bebe. Nos comunicábamos a base de llantos, daba igual si fuese por hambre o cansancio, simplemente llorabas. Pero para lo bueno y lo malo, creces.

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Antes de darte cuenta te has convertido en adulto y ello implica complejidad, complejidad absoluta. Escondemos cual tesoro pirata nuestros sentimientos, y se convierten en eso mismo, un tesoro que, dependiendo de la persona, vale la pena encontrar. Obtenemos un máster en disimulo, con mejor o peor nota, pero llegamos al punto en el que saber de verdad como es o en que piensa la persona de al lado, se convierte en un verdadero reto.

No siempre es sencillo decir lo que piensas, en eso estamos de acuerdo. A veces incluso callamos hasta vernos forzados a confesar. Y es que con lo difícil que es ser adulto que sencillo es hacerse el tonto. Guardase las cosas para uno mismo, cerrar la boca y mantener el secreto bajo llave.

Pero entonces llega el día en que encuentras a alguien con quien te encanta perder la tarde con una cerveza, tímidas sonrisas y horas de tertulia. Y cuando te quieres dar cuenta, él sabe todo de ti y viceversa. Y en ese preciso instante vemos lo realmente fácil que es dejarse conocer cuando la persona es la indicada.

 

Esclavo de sus impulsos

En cualquier momento las 14 billones de neuronas del cerebro disparan impulsos a grandes velocidades . Es muy difícil controlarlas. Un escalofrío nos lleva a estremecernos y la excitación provoca la maravillosa adrenalina. Nuestro cuerpo se somete de forma instintiva a los impulsos… De ahí que en la mayoría de ocasiones sea imposible mandar sobre ellos. Pero a veces, solo a veces, preferimos no controlarlo, dejarnos llevar (aunque con el tiempo nos arrepintamos).

El cuerpo, esclavo de sus impulsos. Pero hay algo que si podemos controlar. Tras la tormenta, siempre, llega la calma. Y es en ese instante, cuando hemos revivido el recuerdo mil y una veces, esta en nuestras manos, relajarnos y dejar la mente en blanco. Olvidar y pasar página.

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Creo

Mientras esperas pareces tener una única cosa clara, no hay vuelta atrás. Tomaste una decisión, bueno o mala… eso qué más da. El problema es que llega el momento de hacer frente a las consecuencias (que sabias que llegarían) aunque luchaste con todas tus fuerzas para evitarlo.

Queda poco para que empiece la tormenta, solo quieres sobrevivir a ella, o que te trague la tierra y no tener que afrontarla. Y aunque pensaste mil veces en ese día, siempre confiaste en que no llegaría. ¿Qué pasa si después de la tempestad no llega la calma?

Una sola persona es suficiente para cambiar tu vida para siempre. Cambiar tu punto de vista y que aquello que te juraste pase a no tener validez alguna. Porque ante todo y pese a todo, esta él.

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“Creo en ti, creo en mí, creo en nosotros.”

Perfectamente imperfecta

Toda mi vida he intentado hacer las cosas perfectas o por lo menos, acércame lo máximo posible, y llega un momento en que no acabas satisfecha nunca y no sabes hasta que punto hay que hacer.

He intentado ser la hija, hermana y nieta perfecta, sin por supuesto llegar a serlo, he intentado ir de buena y pacifica cuando tengo una, perdónenme la expresión, mala hostia que tela…los que conviven conmigo bien lo saben. Cuido la dieta, hago deporte, rastreo cualquier tema, me puede la curiosidad, las ganas de aprender y de saber. Evidentemente, también he aspirado a ser la amiga perfecta. Estar al lado de quien me necesite, sea día o noche, se lo mereciesen mas o menos, perdonar o dejar pasar lo que otros muchos no hubiesen podido olvidar.

Siempre tendía a pensar en los demás antes que en mi misma.

He pretendido siempre ser lo que los demás esperan de mí y ahora tienes que cumplir con las expectativas, no decepcionar y “guardar las apariencias”.

¿Pero qué pasa cuando no es lo que de verdad quieres? Estoy en el derecho de decir NO de vez en cuando, dejar de perdonar lo imperdonable, aprender a pasar, que todo me la “sude” un poco más.

Me he cansado de intentar ser la que nunca falla a nadie cuando luego, algunos ni te lo valoran. Me he cansado de haber dejado correr el agua cuando algo me ha dolido pero que como humana, he cometido un error, no se me trate de la misma manera.

Me he cansado de la gente que actúa por interés, de los “lameculos”, de los que van de victimas cuando lo que se merecen es un buen bofetón, de esos con la mano abierta que dejan de regalito los cinco dedos marcados en la cara. Me he cansado de acabar pagando mis males con los que no se lo merecen, lo que siempre están y estarán a tu lado. La vida pone a cada uno en su lugar podéis estar seguros de ello, no seré yo la que crucifique a nadie, el tiempo lo dirá todo.

Y es que, en definitiva, me he cansado de intentar buscar la perfección.

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